Le robé dinero a mi Mamá. | Relato de mi vicio a los vídeo juegos y cómo pude superarlo.







Todo empezó cuando mi papá me mandó un “Nintendo” en la década de los 90, fui uno de los pocos que tenía un vídeo juego en mi Colonia (Barrio)
¿y eso qué tiene de malo? Me preguntarás. Pues para un niño, sin el control parental debido, es abrirle la puerta a un mundo de mentiras, vicios, descontrol emocional, mal carácter, berrinches, y un sin fin de cosas, que si eres humilde o has pasado por todo esto, me comprenderás muy bien.
Que decirte de las veces que me fui de “Capiusa” (acto de saltar el muro de la escuela, en periodo de clases, para salir a la calle) e ir a la casa de conocidos o desconocidos por jugar los vídeo juegos. De las veces, que tuve que mentirle a mi mamá. Y que decir de las veces que robé dinero del monedero de mi mamá para ir a jugar a las “maquinitas”, subirme a buses, a mi corta edad, llegar al lugar y derrochar el dinero robado, por una hora de SUPUESTA satisfacción.
No puedo negar, que mi madre hizo todo lo posible para educarme y orientarme, que incluso, le molestaba que llevará todos mis amigos a casa, y después de horas de juego, en su enojo, bajaba la palanca de la luz eléctrica, para que dejáramos de jugar, pero una vez arraigado en el vicio, uno de niño o adolescente, se las ingeniará “SIEMPRE” para seguir jugando dentro y fuera de casa, de tomar un vídeo juego hasta querer vencerlo.
Podría contarle muchas más atrocidades que hice a escondidas, intercambios, vicios, mentirás, maldades y de amistades, que antes de mis 15 años, me llevaban a un camino de destrucción total. (Crecí en uno de los barrios más peligros de la ciudad de Guatemala)
Pero la pregunta es ¿cómo superé el vicio de los vídeo juegos?
En primer lugar, entregué mi vida a Cristo justo a mis 15 años (es un milagro, que otro día le puedo contar con más detalles). Y aunque debo de confesarles, que seguí con este y otros vicios después de mi bautismo, Dios iba transformando mi vida cada día.
Segundo: RECONOCER. No es tiempo de echarle la culpa a tus padres, (en otro articulo puedo dirigirme a ellos), o echarle la culpa a tu entorno, tu ciudad, etc. Debes de reconocer que cada uno es el “Arbitro” de su propio destino. Si reconoces que tienes un problema (y grande) Dios hará el milagro en ti.
Tercero: Mirar más allá del muro de los vídeos juegos. Osea, un vídeo juego (ya sea en una consola o celular) es como un muro, una pared, que para el vicioso, este será su mundo, lo mejor de su tiempo, se desconectará de la realidad. Para él, no hay mañana. Pero cuando Dios nos ayuda a ver más allá de la pared, vemos que hay oportunidades de estudiar, de trabajar, de superarse, que las “relaciones personales” son la llave de muchas puertas de oportunidades que hay en esta vida.
Cuarto: Hacer algo diferente. En mi caso, pedí prestado una guitarra, y empecé aprender solo con lecciones extraídas de un libro. (Imagínate si hubiera tenido Youtube para aquel tiempo) Y con ello, empecé a tocar mientras estaba en grupo pequeño y en la iglesia. Sin saber, que muchas años después, el tocar la guitarra, sería una de las cosas que le gustaría de mi, a la que ahora es mi esposa (Mi esposa es maestra de música).
Entre otras cosas diferentes, mi tiempo que dedicaba en los vídeo juegos, lo dedique al servicio, al club de conquistadores, a leer. Le dediqué lo mejor de mi tiempo a DIOS.
Esa es la razón por la que no tengo aplicaciones de "juegos" en mi celular, porque me conozco y no quiero regresar atrás.
Hoy veo a los niños, jóvenes e incluso adultos, en los restaurantes, parques, iglesias, escuelas, hundidos en los vídeo juegos. DEPENDIENDO DE UN CELULAR a cada momento. Enojados porque la señal wifi no está estable. Dedicar todo un día frente a la pantalla de un televisor.
Abriendo las puertas de su corazón a un mundo desconocido, juegos satánicos, bajas calificaciones, e insensibles, con relaciones familiares rotas, matrimonios hundidos, hijos descontrolados, relaciones sentimentales tóxicas.
Hace unos pocos días atrás, vi un niño jugando un de esos juegos de matar, y le pregunté: Niño, que sientes al matar a alguien. Él frunció su rostro y me dijo: Nada. “Nada” -seguí increpándolo- No te da cosa, matar, ver sangre, y querer seguir matando a más gente en el juego. -mmm pues no, me da igual- me dijo enojado, y se marchó a otro lugar.
Vi como seguía jugando, y me dije: si este chico no cambia, no me quiero imaginar lo que será en su futuro.
Hoy es tiempo de cambiar!
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